
El uso frecuente de un abanico durante el verano hace inevitable que termine acumulando algo de polvo y pequeñas marcas propias del uso diario.
Esto no supone ningún problema si sabemos cómo cuidarlo.
De hecho, el mantenimiento de un abanico debería ser sencillo. Utilizar productos agresivos o intentar realizar limpiezas demasiado profundas puede resultar mucho más perjudicial que dejar una pequeña cantidad de polvo.
La clave está en conocer los materiales de la pieza, manipularla con delicadeza y realizar pequeñas revisiones periódicas.
Antes de limpiar un abanico hay una regla importante: menos es más.
Los abanicos pueden combinar materiales muy diferentes y no todos reaccionan igual ante el agua o los productos de limpieza.
En un abanico podemos encontrar:
Por ese motivo, aplicar directamente cualquier producto de limpieza puede alterar sus acabados.
Para un mantenimiento básico, un paño suave, limpio y seco suele ser suficiente para retirar el polvo superficial.
Debe pasarse con delicadeza, especialmente sobre las zonas pintadas o decoradas.
Con el uso, una de las zonas donde más fácilmente puede acumularse polvo es la unión entre las varillas y el tejido.
Al limpiar esta parte del abanico es importante no ejercer demasiada presión.
No debemos tirar del tejido ni introducir objetos que puedan dañarlo. Si existe suciedad difícil de retirar o el abanico tiene un valor artesanal especial, es preferible consultar a un profesional antes que utilizar métodos agresivos.
Una pequeña mancha no justifica arriesgarse a deteriorar una pintura, un barniz o un tejido delicado.
Uno de los errores más frecuentes es utilizar los mismos productos que emplearíamos para limpiar otros objetos de casa.
Conviene evitar aplicar directamente sobre el abanico:
Dependiendo de los materiales, estos productos pueden alterar el color, afectar al barniz de la madera o deteriorar la textura del tejido.
Esto resulta especialmente importante cuando queremos limpiar un abanico pintado a mano.
Las decoraciones artesanales pueden utilizar técnicas y pigmentos diferentes, por lo que no existe un único método de limpieza válido para todas las piezas.
Como norma general, no es recomendable mojar un abanico sin conocer exactamente sus materiales y acabados.
La humedad puede afectar tanto a la madera como a determinados tejidos, adhesivos, pinturas o barnices.
Si existe una mancha importante que no desaparece con una limpieza superficial, lo más prudente es buscar asesoramiento específico para ese tipo de pieza.
Intentar eliminarla utilizando agua o productos químicos sin conocer el material puede convertir una pequeña marca en un daño permanente.
Una vez terminada la temporada de mayor uso, merece la pena realizar una pequeña revisión.
No necesitas conocimientos especializados. Basta con abrirlo y cerrarlo lentamente y comprobar su estado general.
Puedes fijarte en varios puntos:
Detectar un pequeño problema a tiempo puede evitar daños mayores.
Por ejemplo, continuar utilizando un abanico con una varilla deteriorada puede terminar afectando a las piezas cercanas o al propio tejido.
En piezas artesanales o de especial valor, una reparación temprana suele ser preferible a esperar hasta que el daño sea mayor.
Los cuidados no terminan en casa.
Durante el verano solemos llevar el abanico en bolsos, mochilas, maletas o equipaje de viaje, donde puede quedar sometido a golpes o presión.
Meterlo directamente en el bolso junto a llaves, botellas, dispositivos electrónicos u otros objetos puede producir pequeños daños con el uso diario.
Una funda para abanico ayuda a minimizar este riesgo.
Además de protegerlo frente a arañazos, evita que otros objetos se introduzcan entre las varillas o presionen directamente sobre ellas.
Si vas a viajar, procura colocar el abanico en una zona de la maleta donde no vaya a soportar el peso de otros objetos.
En modelos especialmente delicados puede resultar conveniente utilizar una protección más rígida.
Esto es particularmente recomendable en:
El objetivo no es tratar el abanico como una pieza extremadamente frágil, sino evitar presiones y golpes innecesarios durante el transporte.
Una funda no sirve únicamente para guardar el abanico cuando termina el verano.
También resulta muy práctica durante su uso habitual.
Cuando llevamos el abanico dentro de un bolso, una funda evita el contacto directo con otros objetos y reduce el riesgo de rozaduras, manchas o pequeños golpes.
Es una solución sencilla que puede ayudar especialmente a conservar los acabados de un abanico artesanal.
Un abanico puede parecer un objeto sencillo, pero detrás de determinadas piezas existe mucho más que una herramienta para combatir el calor.
La elección de la madera, el montaje de las varillas, el trabajo sobre el tejido y su decoración pueden formar parte de un proceso artesanal desarrollado y perfeccionado durante generaciones.
Por eso, cuidar correctamente un abanico no requiere grandes tratamientos, sino precisamente lo contrario: limpieza suave, manipulación cuidadosa, protección durante el transporte y atención a cualquier pequeño deterioro.
Con unos cuidados básicos, un abanico de calidad puede conservar su belleza y funcionalidad durante muchos años e incluso convertirse en una pieza que pase de una generación a otra.
Para retirar polvo superficial, suele ser preferible comenzar con un paño limpio, suave y seco. En piezas delicadas o con manchas importantes, conviene valorar el material antes de aplicar cualquier otro método.
No es recomendable aplicarlo de manera general. Puede afectar a pinturas, barnices, tintes o determinados tejidos.
Debe manipularse con especial cuidado. Evita frotar las zonas decoradas o aplicar productos sin conocer la técnica y los materiales empleados. Ante una mancha importante, lo más seguro es recurrir a asesoramiento especializado.
Una funda permite aislarlo del contacto con llaves, monedas y otros objetos que puedan arañar o presionar las varillas.
No existe una frecuencia fija. Una limpieza superficial cuando se observe acumulación de polvo y una revisión antes de guardarlo durante una temporada suelen ser suficientes para un uso normal.
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Aquella pequeña empresa que naciera al abrigo de un selecto público para el cual se elaboraban piezas de la más pura artesanía, es hoy un ente que opera a escala internacional dividiendo su producción entre Asia y Europa, y que exporta sus productos a países de los cinco continentes y un público cada vez más diverso.
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