
Para entender cómo el abanico se convirtió en un accesorio libre de etiquetas en el siglo XXI, primero debemos conocer su historia. En sus orígenes, abrir un abanico era el equivalente a mostrar una corona. Lo que determinaba quién usaba un abanico no era el género, sino el rango, la autoridad y el poder.
Aunque los abanicos fijos —aquellos que no se cierran— ya se usaban en el Antiguo Egipto, el abanico plegable —el que se abre y se cierra— nació entre Japón y China alrededor del siglo VII. Desde el primer momento fue un objeto de respeto que llevaban los emperadores, los monjes budistas y los nobles masculinos para demostrar su cargo. El dato más claro que rompe los estereotipos de género lo encontramos en los guerreros samuráis del Japón feudal, quienes usaban el abanico como una herramienta de estrategia y arma de defensa personal camuflada para desviar ataques y bloquear golpes.
El abanico siguió siendo un símbolo de riqueza cuando llegó a Europa en el siglo XVI gracias a los navegantes portugueses, que los traían de sus rutas por Asia. Al ser artículos importados y carísimos, se convirtieron en la última moda de la realeza, tanto para hombres como para mujeres. El mejor ejemplo fue el rey Enrique III de Francia, un monarca famoso por cuidar mucho su estilo, de quien las crónicas de la época dicen que nunca concedía una audiencia ni paseaba por el palacio sin un abanico perfumado, pintado y calado a mano.
Aunque los hombres usaban abanicos en las cortes y en los campos de batalla, el gran cambio ocurrió en el siglo XIX. Fue en esta época cuando nació la separación entre abanicos "de caballero" y "de señora" que todavía vemos en algunos catálogos tradicionales.
Durante el auge de la burguesía y sus estrictas normas sociales, las mujeres jóvenes apenas tenían libertad ni privacidad para comunicarse. Ante este control, convirtieron el abanico en su teléfono móvil de la época. Nació así la campiología, el lenguaje secreto del abanico, donde gestos como moverlo rápido significaba "estoy casada", apoyarlo en la mejilla derecha era un "sí", y pasárselo por la frente advertía “nos vigilan".
Al ligarse el abanico por completo al cortejo y la coquetería femenina, los hombres dieron un paso atrás. En una sociedad que les exigía seriedad y enfoque en los negocios, usar un objeto asociado al flirteo empezó a estar mal visto, por lo que terminaron eliminándolo de su vida pública por pura presión social.
A pesar de esto, los hombres seguían pasando calor bajo sus trajes en verano y las fábricas no querían perder a la mitad de sus clientes. La solución de la industria fue rediseñar el producto por completo para adaptarlo a los códigos estéticos de cada género.
De este modo, el abanico de caballero pasó a ser puramente funcional: se redujo a un tamaño compacto (entre 19 y 22 cm) para guardarse con discreción en el bolsillo interior de la chaqueta, apostando por maderas oscuras y telas lisas. Por el contrario, el de señora se diseñó para ser exhibido; al llevarse en la mano o en el bolso, no tenía restricciones de espacio, lo que permitía formatos más grandes y llamativos decorados con encajes, flores, escenas pintadas o varillas de marfil.
El abanico ha cerrado el círculo. Después de un siglo XIX donde se obsesionaron con separarlo por géneros, hoy vuelve a ser lo que era en su origen: un accesorio libre, práctico y universal. Con veranos que superan los 40 °c, mantener el prejuicio de que "el abanico es solo para mujeres" es insostenible.
El regreso definitivo del abanico entre los hombres jóvenes ocurrió en las pistas de baile. Los festivales de música electrónica, las discotecas y la cultura queer fueron clave para normalizar su uso masivo en ambientes de ocio, donde el abanico cumple una doble función. Por un lado, es totalmente necesario para aguantar las altas temperaturas en espacios cerrados o con mucha gente. Por otro lado, se utiliza como un elemento más de expresión mientras se baila.
Además, la industria de la moda actual avanza hacia propuestas sin género, dejando atrás las barreras tradicionales. Hoy en día, los abanicos ya no se clasifican por el sexo del comprador, sino por su estilo personal. Las colecciones actuales se dividen según dos grandes preferencias estéticas. Encontramos el estilo minimalista, con diseños limpios, colores planos, maderas de tonos naturales y una estética industrial; y el estilo urbano, con estampados llamativos, tipografías, ilustraciones contemporáneas o colores flúor. También hay que tener en cuenta que los tamaños ya no responden al género, sino a una lógica práctica basada en la ropa que llevas. El abanico compacto de bolsillo (el que históricamente se llamaba "de caballero") lo puede comprar ahora un hombre para llevarlo en el pantalón, pero también una mujer que sale de fiesta con un bolso pequeño donde no cabe un modelo estándar.
Ahora que las etiquetas han quedado atrás, la elección de un abanico ya no depende de quién eres, sino de dónde y cómo vas a usarlo. Para elegirlo, te podemos sugerir fijarte en estos tres aspectos:
Las categorías que aún puedes encontrar en algunas tiendas son solo una orientación técnica sobre las medidas y los acabados del objeto. La realidad es que el abanico perfecto es el que a ti te resulta cómodo y te ayuda a combatir el calor.
Email: aparisi@abanicosaparisi.es
Tel: +34 96 151 02 89
That small company that was born in the shelter of a select public for which pieces of the purest crafts were made, is today an entity that operates on an international scale dividing its production between Asia and Europe, and that exports its products to countries of the five continents and an increasingly diverse audience.
ABANICOS APARISI S.L. ha recibido por parte de La Generalitat Valenciana, la cantidad de 100.000 € en apoyo al proyecto HISOLV/2021/3933/46 del PLAN EMPRESARIAL “PLAN RESISITIR PLUS”.
ABANICOS APARISI S.L. ha recibido por parte de La Generalitat Valenciana, la cantidad de 7.000 € en apoyo al proyecto CMARTE/2021/265/46 del PLAN AYUDAS DIRECTAS ARTESANIA “CMARTE”.